Alberto Arce. Desempotrado
Foto: Julio Albarrán / Texto: David Martos
Hay armarios empotrados, hay habitaciones pequeñas con camas empotradas, hay periodistas que cubren guerras empotrados en unidades militares, y hay experiencias que se empotran en nuestro interior y de las que resulta muy difícil desprenderse. Alberto Arce llegó en 2009 al Encuentro Internacional de Foto y Periodismo con una fractura interna: “el año pasado estaba con la cabeza completamente ida y no sabía ni lo que decía”. Doce meses y muchas reflexiones después, regresa a Gijón para contarnos que lo deja. “Apago y me voy, pero antes de irme he demostrado que se puede visitar Gaza, Irak y Afganistán durante un año, realizando un trabajo de más calidad que el que se está haciendo, y que puedes ser premiado”.
¿Y por qué se va? Porque concibió como reto una tarea titánica. “Fui para demostrar que se puede, y para devolver el foco del ‘periodismo de conflictos’ a los civiles. Yo no soy periodista, soy el gestor de un proyecto: entro a un despacho, consigo dinero, justifico ese proyecto con facturas y gestiono la comunicación”. Nos ha revelado, casi confesado, que después de sus viajes vive de los premios que ha ganado su documental ‘To shoot an elephant‘. “Mi modelo ha funcionado porque he ganado premios, pero con 60 días de conflicto cubiertos este año gano 1.000 euros al mes. Yo no tengo para vivir”. Sostiene que su experiencia muestra que el periodismo no está muerto, que el sistema de distribución de su documental, en copyleft, cubre gastos de producción… pero no paga ningún sueldo. “A día de hoy soy un periodista patrocinado. No he conseguido que nadie me pague nunca un sueldo, ni lo conseguiré. No existe más, punto, se acabó, época terminada.”
La experiencia de un año
“Si no trabajas para un medio, tienes que convertirte en una vedette, ser ‘la Estrellita Castro del periodismo’. Tienes que entrar en una serie de condicionantes que a mí no me gustan para ser corresponsal de guerra.” Alberto alude a los periodistas que aparecen en las pantallas con cascos de guerra, entre balas, dando tumbos en la parte trasera de los coches. “En la fiesta de la Ashura, hasta los corresponsales más veteranos hablan de la sangre y de por qué los asistentes se hacen sangrar… y si vas, te enteras de que quienes lo hacen son una minoría.” Por experiencias como estas pone sobre la mesa dos conceptos que sobrevuelan tradicionalmente el encuentro: el tiempo y el dinero. “El buen periodismo lleva mucho tiempo, y no se puede hacer con prisas. Es tiempo y dinero. Nadie puede pretender que hagas una cobertura mínimamente decente de Irak viajando una semana a Bagdad.”
Arce ha elegido el empotramiento de los informadores en los ejércitos para cubrir guerras como símbolo de lo que suele dar lugar a malas prácticas periodísticas. “Hay que anular el periodismo empotrado porque es propaganda. Los periodistas se empotran porque es gratis y porque así resuelven la parte conflictiva de conseguir fuentes.” Ha contado cómo, empotrado con la policía afgana, fue espectador de primera fila en una verdadera representación teatral, en la que tres agentes se disfrazaron de talibanes. “Tenemos que darnos credibilidad a nosotros mismos, plantear batalla a un sistema que está muriendo. Tenemos que dar la batalla por plantear las reglas nosotros.” Pero lo deja. “Sentido común, y no olvidar que los que importan son los que tienes delante”. Pero apaga y se va. “No sé qué proponeros como alternativa para que os ganéis la vida, no lo sé porque no la tengo para mí. Sólo que ganéis premios”.





Sólo se me ocurre:”lo siento en el alma, ¿No podrías repleanteártelo?”
Es un dechado de sinceridad. toda la declaración de Alberto, pero en cierto manera es un “tiro la toalla, me doy por vencido”. Con todo el respeto, la admiración y la compresión, la considero una mala noticia.
Gracias por todo, Alberto, esperaremos tu vuelta, si algún día lo reconsideras.
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